Léalo muy bien porque sólo lo voy a escribir las veces que sea necesario. Att: Elmandelapluma
martes, 1 de octubre de 2013
Si señor juez, yo maté a Justin Bieber
Por: Diego Mateus.
@Diegomatteus
La idea fue mía desde el principio, mía y de mi amigo imaginario, se llama Iguana y es un ferviente admirador de Iggy, y aunque yo planeé todo, a Iguana le debo el ultimo espaldarazo de apoyo en mi noble empresa: El homicidio de Justin Bieber.
¿Qué por qué?… le parece poco señor juez. Con ese muchachito estábamos perdiendo la ultima esperanza de salvar a la juventud de la hecatombe musical. Con decirle que si no lo hubiera ajusticiado, para este momento estaría grabando un dueto con Silvestre Dangond. Fue por eso, porque es preferible la muerte de uno que el suicidio de toda una generación.
¿Ahora me entiende? Mire, yo no sé si usted sea consciente, pero ha de entender que mi crimen obedece a un deber histórico, y aunque me pueden dar cadena perpetua, cosa poco probable en este país que vela por la libertad de sus homicidas, manifiesto que lo hice bajo la plena conciencia de mis actos.
Ha de entender señor juez que la juventud de Colombia en materia de rock, ha sido la juventud más vapuleada y segregada de la faz de la tierra. El rockero en Colombia casi, y sin miedo a estar errado, es como el campesinado de nuestro país, condenado al exterminio.
Es que no lo entiende, mire señor juez, mientras en San Francisco se descontrolaban con Iron Butterfly, en Londres pateaban canecas con los Stones, en Argentina se contorsionaban con Sandro, en México volaban con la guitarra de Santana y en España brincaban con Miguel Ríos; nosotros hacíamos el trencito con los Hispanos al ritmo de la danza de la chiva.
No! es que así no se puede. Acá en este país ha sido muy berraco ser roquero señor juez. A uno no lo bajan de mariguanero, drogadicto, pendenciero… ja! Como si a los vallenateros no les gustara la pelea y la maracachafa.
Y es que claro señor juez, yo entiendo que somos un pueblo tropical, húmedo, sin estaciones; pero entienda que no todos los jóvenes colombianos son fiesteros, ni guapachosos, ni cumbiamberos. Por estas latitudes macondianas también han existido pelados que pensaron primero en la guitarra eléctrica que en la guacharaca. A ellos son los que hay que salvar.
¿Que qué? Que eso es esnobismo… ja! cómo se le ocurre señor juez, si fuera por moda y por creerme del primer mundo no hubiera matado a Justin Bieber y no le hubiera robado el perro a la mona desabrida de la Hilton cuando vino al país. No señor, no se trata de ser esnobista, a mi me importa un pepino si el rock es gringo, italiano o salvadoreño, lo que pasa es que una cosa es cantarle a una chiva y otra es tener simpatía por el demonio. ¿Ahora si estoy siendo claro?
Mire, no sé cómo explicárselo… ah, ya sé ¿Usted conoce a un tipo que se llama Manu Chao? si señor, exacto, un europeo que sueña con ser sudaca, ese mismo. Mírelo a él por ejemplo, el hombre parece más un vendedor de minutos que una estrella de rock, y eso que es francés. Él canta en español, en ingles, en portugués, en chino… si ve señor juez, el rock pasa de largo por los idiomas y las modas. Es que el rock no se trata de ser anglosajón ni andar de cuero, se trata de una manera de ver el mundo ¿Ahora sí?
Por ejemplo, espíritus roqueros colombianos el poeta Jattin, Mayolo, Débora Arango; incluso los juglares vallenatos que iban de pueblo en pueblo dándose puños con los que se le atravesaban, durmiendo en chinchorros, cantando por comida; eso era puro estilo punk, eso era música del alma. Pero una cosa es ser Leandro Díaz, nuestro Ray Charles, que tenía el desenfreno del rock en su juglaría, y otra muy distinta ser Fanny Lu que tiene la rebeldía de un frutiño.
Por eso maté a Justin Bieber, porque ya estamos cansados de la alienación de nuestra juventud. Ya sufrimos bastante con esa música satánica que tanto mal le ha hecho a nuestra cultura. Ya padecimos de las visitas al país de Salserín, Magneto, Menudo, RBD, para que ahora nos tocara aguantarnos a Justin Bieber. ¿Ahora si me hago entender? ¿Por qué en vez de haber traído al país 1235 veces a Julio Iglesias no trajeron una sola vez a David Bowie? ¿Por qué en vez de Menudo no trajeron a los Ramones? ¿Por qué en vez de pensar en Justin Bieber no pensaron en Iggy Pop? incluso en Wendy Sulca, por lo menos ella le canta a la teta y a la cerveza y no este Justin que parece Winnie the Pooh rapeando.
Soy culpable, yo fui el autor intelectual y material de tan hermoso evento, por eso estoy aquí para saldar mis actos. Y si he de pagar con cárcel con gusto lo haré. Pero que quede claro que prefiero que mi hijo me recuerde como un mártir del rock que como una oveja del pop.
No importa mi condena porque sé que por esta acción, habrá una nueva generación libre que conocerá primero las atmósferas históricas de Joy Division, que las babosadas de One Direction.
Y le anticipo señor juez que aún en mi condena tengo todo un ejercito de kamikazes que darán la vida por la libertad de pensamiento en el caso de que lleguen al país Miley Cyrus, Demi Lovato o Selena Gomez.
Por eso grito: ¡Por una juventud rebelde, a rockear o morir! Por las enseñanzas de Jim, Jimmy y Janis. Por la memoria de todos nuestros roqueros colombianos muertos en combate: ¡Más vale una vida en el fango pestilente de la pestilencia, que en la limosina nauseabunda de Nicki Minaj!
Si señor juez, yo maté a Justin Bieber por recomendación de mi amigo imaginario, pero lo mejor, es que no me arrepiento.
Rebeldía y Rock en mi tumba.
léela tambien en la revista Mallpocket
http://mallpocket.com/web/soloRevista/index.html
domingo, 22 de septiembre de 2013
sábado, 20 de julio de 2013
Espantolombia
Espantolombia
Salud. A celebrar la independencia. La independencia de la dependencia. Porque todo lo volvemos foforro. Porque la vida se nos convirtió en parranda. Fiesta amarilla, el color de la selección y fiel color de las noticias que muestran en rojo un país que siempre está de negro. De luto. Pero eso no importa. Porque para eso somos el mejor país del mundo ¿Qué dirán los noruegos, los ingleses, los finlandeses?
Espantolombia. Celebrando la independencia pero de la crítica, porque criticamos todo pero no soportamos que nos hagan una crítica; como ese tal Vallejo, viejo mal parido de estás tierras que se cree mucho porque vive en otro lado y habla mal de nuestra patria. Apátrida irrespetuoso y violento que donde lo veamos lo matamos. Ese que va a ser colombiano, si los colombianos de verdad somos guerreros, somos verracos, somos grandes; si señor, eso somos, grancolombianos que no escatimamos darle bala ni machete al que piense distinto a nosotros.
¿Y es que acaso alguien va a llorar los muertos? Que muertos ni que mierdas, acá el llanto lo pasamos con guaro y vallenato, pero no vallenato de juglaría, sino vallenato de metralleta, botas y camuflado. Vallenato silvestre que embrutece, vallenato hecho para lo héroes, sí, esos que toman whiskey y le dan tres puños a la mujer porque no tiene lista la comida. Sí, ese vallenato que lo pone a llorar a uno, a abrazarse, a disparar al aire después de tres botellas de Old Parr, la bebida nacional ¿ y después? después qué… obvio mijo, sardino, pelao, parce, pues levantar la camioneta a 150 km por hora y cinco muertos por esquina. Para eso se hicieron las buenas familias, los buenos carros y los buenos tragos. Y acelere tranquilo que eso acá no es delito, eso en estas tierras se llama limpieza social, si señor, limpiar tanto pobre de este país miserable. Tómese este trago conmigo y atropelle al que se le atraviese que si lo agarran, ya habrá tiempo para deprimirse, para arrepentirse, para comprar el juez, para entablar la contrademanda. –señor juez amigo de mi papa, yo lo maté pero fue culpa de ese cabrón que se me atravesó, eso si quien lo manda a salir a trabajar en bicicleta cuando los borrachos manejamos. Tiene razón, veredicto: Inocente.
Y el país… estrenando uniformes.
Espantolombia. El país de la mayor diversidad. Sí, esa que enriquece a las multinacionales porque para el colombiano de a pie esa diversidad solo es un slogan de cuña radial que pasan en la misma emisora que financia la multinacional que se nos lleva los recursos. Pero que importan los recursos, para eso los colombianos somos recursivos, no ve que somos pilos, aguerridos y además tenemos esa bendición que se llama la papaya; papaya para partirla y no repartirla. Papaya para joder al otro. La papaya del mínimo esfuerzo, de aprovecharse del inocente, de buscar la trampa, es que para eso si somos hábiles. Mijo avíspese que en este país sangrante los que toca es matar y comer del muerto.
Y el país… de desfile.
Espantolombia. El país del paro. El paro de los cafeteros, de los estudiantes, de la equidad. Pare que acá le damos la capucha. Capucha y chusma que no deja avanzar a este país. Menos mal tenemos los dos brazos armados. Bala a esos mercachifles que se la pasan haciendo paro para buscar un poco de igualdad, de dignidad. Esa dignidad que la ensucian de lado y lado, los de derecha que lo que quieren es aniquilarlos y los de izquierda que con su discurso revolucionario lo que hacen es aprovecharse del hambre de unos para quemar el sustento de otros. Tan bonitos ellos, mientras dialogan muy elegantes en la Habana, acá siguen bombardeando la tierra del que tanto defienden. Por eso es que tenemos que enviar a nuestro ejercito, para que mate tanto guerrillero, tanto campesino, tanto joven que camina descuidado. En Soacha, en el cultivo, el la montaña ¿Y si nos pillan? que nos van a pillar no ve que para eso tenemos estos uniformes nuevecitos, es solo ponérselos y verá que nadie se da cuenta.
Ni ejercito ni guerrilla, lo que sirven en está tierra es ser paraco o BACRIM ¿ese no es un nuevo grupo de reggaeton? Bueno no importa, lo importante es que pongan orden. Gracias por existir y por la extorsión. Por la desaparición de tanto colombiano desahuciado que solo piensa en trabajar y sobrevivir.
Y el país… de foforro.
Espantolombia, el país que muestra con orgullo a su capital. La Bogotá posmoderna y colapsada por las busetas premodernas; servicio que lleva 50 años, lo que tienen los Rolling Stones, arrastrando a esta ciudad en el subdesarrollo. Pero dejen y verán que ya tenemos listos los planos del metro, de hecho los tenemos listos desde el 75, así que prometido, el metro está listo para el 3011. Mientras, sigan con tanto carro, con tanta buseta y con tan poca bicicleta, uno, porque no hay por donde transitarla; dos, porque si se da papaya se la roban; y tres, porque… que pereza a lo bien.
Y el país… celebrando con la verdolaga.
La Espantolombia del racismo futbolero. Porque no contentos con matar tanto negro por sucio, tanto indígena por feo, tanto pobre por marica, ahora debemos matar tanto hincha por ignorante. El verde asesina al rojo, el rojo aniquila al azul, el azul ejecuta al blanco ¿Y por qué? Pues porque sí, no ve que el analfabetismo y la brutalidad se deben sustentar con algo. Des-united colors of Benetton, twister de navajazo…. Esa es la pasión del fútbol papá, gritar gol y celebrar encima del finado desafinado.
¿Y cuándo juegue la selesión? Pues nos ponemos la amarilla y empezamos a matar Argentinos por agrandados y peleones.
La espantolombia de Doña Gloria, la que tiene más de 5 millones de visitas en su video porque es que, que caja esa vieja echando madres, venga papito véalo para que se eduque, así es que se habla mijo. Arriba doña Gloria nunca de doña Doris, doña Doris Salcedo, ¿quién es esa Doris? No sé, dicen que es una artista contemporánea muy importante ¿contem… qué? ¿artista? Bah, artista Fanny Lu que todo el mundo la sigue en tuiter; en cambio está tal Doris ¿cuántas visitas tiene en yutub? ¿cuántos seguidores tiene en tuiter? Esa que va a ser artista, yo nunca la he escuchado en la red ni la he visto en ninguna TV y Novelas. Acá mijo no hay libro pero hay caralibro, no hay novela pero hay telenovela, no hay museo pero hay centro comercial. Porque allá si va todo el mundo.
Espantolombia que determina la calidad por la cantidad de seguidores. Por eso mismo digo, artista Doña Gloria que cada vez la sigue más gente. Y a todas estás ¿dónde estará doña Gloria? Pobre mujer que no se sabe dónde anda, ni ella ni sus groserías. Otra colombiana desaparecida como otros tantos millones de espantolombianos que nadie reclama, que nadie llora.
Pero no importa… hoy estamos de parranda.
Espantlombia. Dónde nadie susurra, donde nadie habla, donde nadie grita, pero donde todos vivimos con espanto.
martes, 17 de abril de 2012
La Cumbre Borrascosa

@Diegomatteus
La cumbre terminó y la realidad nuevamente se asomó por la muralla de arribismo de nuestra Obama de Indias.
Gabrielle, la bella niña angelical, hizo llorar a nuestro presidente, pero aún no sabemos si porque cuándo ella dijo “Estando más unidos seremos una mejor América” se refería a la hinchada del América de Cali para ver si vuelve a la A, o como burla a la unión de América sin Cuba, o como parte del libreto demagógico de la cumbre: Niña linda de blanco, colibrí en mano, frase de cajón y presidente lacrimógeno.
Evo y Juan Manuel jugaron futbol con el Tino y el Chicho y se comprobó que JuanMa y Evo juegan futbol como Tino y Chicho gobernarían. Es decir, como lo hacen Evo y JuanMa.
Nuestra heroína popstar cantó el Himno Nacional pero no sabemos si dijo la libertad: de sublibe, de sublime, de subleva, o si simplemente no entendimos porque lo cantó en Catalán, Porteño, Arameo o Wacawacalanes. Y a todas estás, Shaki de dónde sacó el: de
Los de Turbaco quedaron turbados porque Obama no se llevó su burro quizás porque pensó que era una mula llena de droga. Finalmente el burro no partió a tierras gringas, afortunadamente para el burro, o si no estaría allá trabajando como mula en Juan Valdez, como Payaso en MacDonalds y como llanta en Michelin para ver si algún día podría mandar alguito de dinero a los burros de sus hermanos que viviendo en Turbaco no habrían estudiado ni salido de pobres. Igual el burro resultó ser más inteligente que la inteligencia del servicio secreto, que primero son muy burros y segundo, de secreto no tienen nada, y se dejaron pillar, esto si, pidiendo un servicio secreto, a unas lindas y voluptuosas prostitutas cartageneras, que nada burras, peleaban por lo que les correspondía, es decir, sus aranceles; pero que parece no serán pagados por considerar a las meretrices dentro del paquete del TLC, y aunque estos gringos, ahora desempleados, gustaron y abusaron de los cuartos traseros de las bellas puticas, ya sabemos que los cuartos traseros no entran en el Tratado de Libre Comercio de Blancas y Negras. Ahora sí, los gringos quedarán en la memoria de mis putas tristes… por no recibir su pago.
Obama andaba con unas pastillitas contra envenenamiento y a Juanma se le olvidaron las de la memoria que por desmemoriado no llevó y por eso mismo se le “olvido” no pronunciarse en su apoyo a la Argentina frente a las Malvinas, pero que le vamos a hacer, los muertos generalmente también se olvidan.
Ahora nos queda la Cartagena linda, bella, limpia… socialmente. Sin huecos, sin vendedores, sin pobres, gamines, ni perros callejeros, es decir, sin colombianos.
Bueno, afortunadamente solo se invirtieron en dos días 60 mil, no 100 mil, no 200 mil millones de pesos en la cumbre, lo que cuesta un año de financiación de Colciencias, 100.000 mil casas de interés social con tan sólo la décima parte de la inversión del pasado fin de semana, el arreglo de la malla vial bogotana o mínimamente un trabajo digno para los gamines cartageneros que nuevamente deambulan por las calles heroicas, pero ahora bien vestidos, bien peluqueados y con un buen manicure para esculcar con elegancia la basura que dejó esta cumbre borrascosa.
lunes, 28 de noviembre de 2011
BogotáZombie.

Por: Diegomateus
@Diegomatteus
Bogotá tiene esa curiosa capacidad de morir y renacer. De suicidarse y resurgir.
Bogotá, la derruida capital de este país del olvido, se levanta de su lecho de muerte como un zombie que vuelve a la vida sin alma ni sentimientos.
Bogotá llegó a ser bella como una dulce Lolita que prometía tener curvas, malicia y conocimiento. Pero fue muy alta la expectativa para esta ciudad que vive su mal presente como una eterna adolescente de edad madura que se mueve en la vida reparchando su estética y sus valores.
Esta ciudad también tuvo el atractivo de ser melancólica, bohemia, misteriosa, ahora no, ahora es triste, y ni siquiera triste como lo puede ser la bella canción de Joy Division “Atmosphere” sino más bien con la tristeza macabra de una atmosfera subnormal, amortiguada por la decidía que le da a esta ciudad el paso de los caminantes zombies de las calles chapinerunas, que caminan con su hastió cotidiano que contamina las calles y los pulmones de los otros bogotanoszombies que van rumbo al trabajo con sus corbatas de motivos sin vida, al igual que ellos.
Bogotá llegó a tener movimiento, vida, color. Ahora Bogotázombie se mueve despacio con sus avenidas atestadas de huecos, anacrónicos semáforos y autos que apenas avanzan como zombies a menos de 11 km por hora, y que colapsa entre las 5 y las 8 de la noche que es, cuando gracias a la caída de sol, salen los zombies en demasía a moverse atrofiadamente dentro del aletargamiento de esta ciudad caníbal, que está decorada por una eterna tela verde como gasas sobre sus heridas.
Bogotá tuvo en su momento pequeños gaminantes inofensivos que sólo pedían un pan, después ellos mismos se unificaron guiados por sus pésimos olores en una calle atestada de miseria que se fue convirtiendo en un peligroso cartucho a punto de ser disparado por una M16, porque el estado nunca se tomó la molestia de desactivarlo y reintegrarlo, sino más bien, con sus políticas excluyentes, permitió el ingreso de más pólvora a ese cartucho que de tantos perdigones juntos terminó explotando y arrojando a los gaminantes llenos de odio y resentimiento a toda la ciudad; por eso es común ver a los bogotanosgaminanteszombies deambulando por Cinco huecos, Castilla, Chico, Usaquén, Kennedy, Bosa, el Palacio Lievano. Ahora, estos ciudadanos muertos en vida, tan bogotanos como los escoltas que dejan sus tanquetas de guerra en cualquier vía pública, caminan arrastrando los pies, durmiendo en todas las calles, acumulando malos recuerdos y malos pensamientos; con sus trajes roídos por culpa del apocalipsis cotidiano, mirando a quien le quitan una moneda, un bolso, un celular, un parabrisas, un brazo, un riñón. Bogotanosgaminanteszombies fiel reflejo del odio de nosotros sus prójimos criminales.
Bogotázombie, manejada por un consejo zombie, que lo que hace es tragarse, como si fueran las viseras de un niño inmaculado, las arcas de los tontos bogotanos que aún los elegimos.
Bogotázombie, próximamente manejada por un nuevo alcaldezombie que le ganó en franca lid a otros zombies que querían devorarse la ciudad; que prometió agua para todos y que seguramente estará contaminada por algo, un mal contrato, una mala licitación, o quizás por las curtiembres que botan sus desechos de occisos al rio Bogotá, río muerto que aún respira, infectando a todos los bogotanos que nos bebemos la esencia del infierno mismo desde el tubo de la casa.
Bogotázombie, atravesada de miseria a miseria por un sistema masivo de transporte que moviliza, muy masivamente, a hombrecitoszombies como si fueran una masa amorfa; unos peregrinos del éxodo que no merecen el más mínimo de respeto y que por eso los apretujan como prisioneros de guerra en vagones de trenes que parten de campos de concentración Nazis rumbo a la aniquilación.
Bogotázombie con un clima zombie. De soles itinerantes iracundos y rabiosos, de lluviecitas constantes que caen como limón en los ojos y de lluvias torrenciales que inundan la ciudad y las ganas de querer salir de casa, desalojando a los hombrecitoszombies del asfalto y dejando las calles, mojadas, tristes, solas, agonizantes y derruidas.
Bogotázombie con unos taxistaszombies que no hacen amistad con nadie, que no transportan a nadie, que no creen en nadie, ni siquiera en ellos mismos. Pero que al primer descuido, desangran tu bolsillo.
Bogotázombie, con centros comerciales atestados de compradores sin vida ni criterio, que devoran las promociones de Zara, de Mango, de Arturo Calle, y que al siguiente día, caminan sin tener que comer pero con un pantalón reluciente que los haga ver menos miserables, menos tercermundistas, porque aún no entienden que el tercermundismo se lleva por debajo de la piel.
Bogotázombie, con una banda sonora agresiva como una canción de grindcore, con sirenas escandalosas, pitos, gritos, taladros, insultos y denuncias, que elevan los límites del desespero a la máxima potencia.
Bogotázombie bajo una nube gris, constante y eterna, mezcla de ácido, smog y maldad. Que contamina los Urapanes, los Pinos, Acacias y Eucaliptos, que tan bien llegaron acá para chupar con sus raíces tanta agua de esta ciudad inundada desde su fundación, pero que son los únicos testigos prudentes de la destrucción constante y paulatina de esta ciudad que cada vez se hunde en sus propias miserias colectivas.
Bogotá, una ciudad que muere, que nace, que se suicida, que renace, como un zombie al que se le olvido el amor.
viernes, 11 de noviembre de 2011
TODOS BAJAN (A la marcha estudiantil)

Bajan los estudiantes de todos los lugares del país. Bajan con sus casas dobladas, sus libros mojados, sus zapatos exhaustos y sus morrales atestados de latas de atún y bolsas de leche en polvo por si hay que hacer chocolate o echársela en los ojos. Bajan los estudiantes con sus postales de mayo de 68 en Francia, o noviembre del 11 en la fría capital del sagrado corazón. Bajan con sus ganas de sentirse presente porque se cansaron de que les vendan un futuro incierto; bajan con sus cantos, sus risas y su camaradería de los primeros años de la adultez mientras sus madres rezan en sus casas para que lleguen sanos y salvos antes de navidad.
Bajan con las ganas de sentirse los anonymous criollos, los indignados sudacas, los hippies posmodernos, o sencillamente, los estudiantes de a pie que quieren tener una educación más digna, justa y competitiva
Bajan con sus mochilas llenas de gritos, de cantos, de trago barato para soportar tanto frío y tanta desigualdad. Algunos llevan un billetico escondido en el bolsillo ajado de la billetera, otros una patica de marihuana que no piensan socializar porque hay cosas que no entran en el juego de la democracia. Como la patica o la educación.
Bajan los recién graduados que ahora son devaluados auxiliares de Policía, pero que no auxilian ni a los estudiantes ni al policía, que no saben de qué bando son, que no saben a quién perseguir, que miran con cierta amargura y nostalgia a sus pares uniformados de universitarios, y pensando que ellos también deberían estar es a ese lado de la marcha, con un lápiz en el cinto en vez de un bolillo sin punta.
Bajan de sus tanquetas, los policías ecologistas con su verde a flor de piel y los de de negro con sus pesadas armaduras tipo tortuga ninja adolescente mutante, dispuestos a salvaguardar el orden, a establecer el control y a frenar las acciones violentas de los encapuchados, y dónde quizás, como una mala telenovela, el encapuchado sea el hijo del vecino, el novio de la hija, la propia hija que decidió estudiar educación para enseñar que la letra con pedagogía sí entra.
Baja, pero en las encuestas, el obtuso ex vicepresidente de este país, al que ya no le dicen Pacho sino Facho, que confunde un voltio con un amperio, que defiende la paz social desde las vías de hecho, que crítica a su primo porque tiembla, y no como él, que no tiembla porque así se lo enseño su antiguo jefe, y no tiembla porque él sí tiene un brazo fuerte, armado, y lleno de represión, eso sí, legal; y que utiliza la palabra innovación, palabra tan mentada en círculos académicos e intelectuales, pero para innovar en la manera de reprimir el libre desarrollo de la resistencia.
Bajan a la marcha llenos de escoltas bien pagos, y suben al estrado con discursos bien elaborados y demagógicos, los políticos oportunistas, que no entienden que su carreta anticapitalista y antiestatal, lo que hace es opacar la voz y las necesidades del estudiantado; que con su turbante impiden el debate alejado de las banderas políticas. Porque los políticos no entienden que la educación no es exclusiva de izquierda ni de derecha, de ricos ni de pobres, de ciudadanos ni campesinos, sino que es un bien inmaterial para cada hombre o mujer que pise este mundo a punto de colapsar; porque no entienden que la educación es el único eslabón inquebrantable en la cadena que conduce a la equidad.
Bajan a la marcha los vendedores ambulantes, los desempleados y los pensionados, como para ver qué pasa, como para hacer algo, como para sentirse útiles entre tanta humillación diaria.
Bajan los gamines que con suerte se confunden con uno que otro estudiante, que no se baña hace 5 días, que tiene hollín en su cara, muchos pasos en su medias y mucha hambre en su panza. Y que busca desesperado, al lado del gamín, un poco de ese sabroso engrudo que sale humeante de la olla comunitaria.
Bajan los medios de comunicación, los que informan, los que desinforman, y los que nunca informan. Bajan mezclados Samper Ospina, María Jimena, El patrullero del día y de la noche, María Isabel, la Negra Candela, Fidel, Frank Solano, Hollman, Pirry, el paparazito, Jorge Alfredo, Coronel, el encantador de perros, Julito, Fachito, Pochito; y todo el que quiera la chiva que más chilla, la columna del año, la foto de la portada, la imagen del día, el Simón Bolívar, el Simón bobito.
Baja el ladrón buscando el celular nuestro de cada día, el fariano, el bacrim, el heleno, el águila negra, el paraco y el tira que se camuflan de estudiantes, que se pone hatta barata palestina, gafas redondas, mochila terciada y que se maquilla de seudointectual con un libro de Cortázar bajo el brazo, pero que no saben quién es Cortázar, sólo saben que deben aleccionar a los estudiantes de los primeros semestres para que crean que la lucha estudiantil debe pasar por el filtro del conflicto armado, que precisamente es conflicto y armado porque hemos educado desde el odio, la represión, el resentimiento y nunca desde el amor y la justicia.
Baja la reforma para ser concertada, baja el presidente desde su curubito para ver si de algo sirve el dialogo, pero lo único que no baja es la guardia de los estudiantes, que desconfían por obvias razones, del histórico tratamiento del estado y los gobernantes, pero que esperan esperanzados que esta vez la cosa sea distinta.
Todos bajan a la marcha desde la Universidad Distrital que es la que queda en la loma, todos bajan hacia la séptima por las torres del parque entre los eucaliptos, cauchos, acacias y palmas de cera del parque de la independencia. Todos bajan mientras yo, desde la ventana de mi apartamento los veo, tomo un café y escribo esto que ahora usted lee.
Diego Mateus
@Diegomatteus
martes, 20 de septiembre de 2011
Tiempo.

Tiempo. Se detiene el tiempo. Se pierde el tiempo. Se acaba el tiempo.
Suena el despertador y de nuevo se abre el telón diario donde se repite el mismo papel secundario una y otra vez:
Corbata. Tacones. Persignarse. Auto. Rezar. Bus. Trabajo. Desespero ¿Comida probiotica o Grasas saturadas? Gimnasio. Helado de chocolate. Televisión. Tres páginas de un libro. Las pastillas. Amor. Desamor. Soledad. Oscuridad.
Repetir sin sorpresa las palabras dichas diariamente:
Dios. Sol. Te amo. Cuídate. Buenos días. Voy para allá. Adiós.
Palabras que salen de la boca de manera aleatoria como una grabación que rueda triste en un gramófono oxidado… como una grabación que rueda triste en un gramófono oxidado… que rueda triste en un gramófono…
Vivir: Una rutinaria obra de teatro que ya a nadie le interesa ver.
Salir a la calle y no volver. Miedo. Rutina. Caos. Paranoia. Fin.
¿Izquierda o derecha? misma polaridad negativa, vengativa, vegetativa.
¿Y los sueños adolescentes? Frustración. Utopías. Saturación. Hijos. Trabajo. Matrimonio. Excusas. Caos. Monotonía
Días como agujas. Semanas sin oxigeno. Meses enjaulados.
La vida: una cadena perpetua de la Cotidianidad. Y una tarde... Desconexión.
Marionetas de batallas a medias. Canciones sin melodía. Susurros sin voz. Mar sin olas.
Mañana será otro día. Mañana fue ayer. El futuro ya paso. Queda el presente. El ahora. Vivir el ahora.
Saltar. Al vacio pero saltar. Encontrar el suelo abajo.
Sonreír. Tomarlo con calma. Sin desespero.
Caminar. Respirar suave… ressspirarrrr…. Soñar. Ver. Observar, sorprenderse. Aprender. Luchar. Por él. Por ella. Por mi. Por mi. Por mi.
Tiempo. Vamos. Hay que correr. Se acaba el tiempo.
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